Inicio 9 Sebastian Moro, el caminante 9 Reseña del documental dirigido por la cineasta argentina María Laura Cali, que sigue el rastro del periodista que murió durante la crisis boliviana de 2019.

Reseña del documental dirigido por la cineasta argentina María Laura Cali, que sigue el rastro del periodista que murió durante la crisis boliviana de 2019.

11.06.23

Fuente: La Ramona

SEBASTIÁN MORO, EL CAMINANTE

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Durante el recientemente pasado 12 Festival Internacional de Cine Político (FICP) que tuvo a lugar del 24 al 31 de mayo en Buenos Aires, la película Sebastián Moro, el caminante obtuvo el Premio Especial del Jurado en la Competencia Internacional.

La película dirigida por la argentina María Laura Cali recupera la figura del periodista mendocino Sebastián Moro que perdió la vida en la ciudad de La Paz en noviembre de 2019 durante las jornadas que marcaron el final del gobierno constitucional de Evo Morales luego de las elecciones en las que había obtenido la mayoría de la votación en la contienda democrática. Estos hechos dieron paso al gobierno de transición de Jeanine Añez. O lo que es peor, fueron las jornadas en las que se propició el Golpe de Estado.

A través de testimonios y entrevistas, porque también ahí radica la potencia de la película, en que se acerca y toma distancia en el hacer de su relato. Se va descubriendo la figura de un hombre que buscaba con la noticia cuestionar y denunciar el atropello y la vulneración de los derechos. Primero en su tierra natal, y después en sus otras experiencias bolivianas. De esta manera se presenta a Sebastián Moro, desde la intimidad familiar (testimonios) y en su accionar profesional (entrevistas).

Se ve al hombre, a través de algunas fotografías, para de este modo hacerlo y ubicarlo en la retina de quien se enfrenta al documental; también se lo ve en otros registros más amateur dentro de la vorágine actual de filmar/grabar con los dispositivos móviles. A través de estos recursos se lo puede escuchar, en audios que lo hacen mucho más humano, lejos de hacer de él un mito, sino consagrando su memoria en función de lo cotidiano, de aquello que nos hace ser a todos parte de una(s) historia(s) que no pueden separarse de los acontecimientos inmediatos de la coyuntura social. Mucho más cuando estas nos están haciendo a nosotros ser. Pocas veces estamos a la altura de los acontecimientos, porque la historia nos gana la batalla, y aquí está el recurso audiovisual para poner en su lugar a las personas y sus relatos en función de un algo mayor: la memoria.

Para su realización la película contó con la participación en Bolivia del Grupo Ukamau, y esto no es algo menor, primero en función de la temática central que aborda el largometraje que es la denuncia de los atropellos generales a las libertades democráticas. Sino también, en función de una forma (un sello) de hacer el cine. Existe una firma en todo el proceso boliviano de filmación, que evoca a Jorge Sanjinés desde la mirada de Sergio Bastani quien es el responsable de la fotografía boliviana. Habría que abrir un largo paréntesis acá, recordando a Bastani como director de Amarillo en Rojo Amarillo Verde (Bastani, Bellott, Boulocq, 2009) donde deja claro su homenaje con plano secuencia donde el colectivo avanza sobre los cerros. En la película de Cali vuelve sobre las montañas y sus formas con la neblina que va a cubrir todo y desaparecer después como una manera de señalar el relato formal de la historia, sugiriendo con belleza y maestría lo importante del “Caso Moro” ahora en la Justicia, que todo quedará develado cuando pase ese tránsito de las nubes sobre las cumbres.

Bastani además, ensaya hacia el final, el desenfoque de las luces de la ciudad al fondo, mientras el hombre avanza a su encuentro consigo mismo. Tal vez le gana a la directora con su soberbia fotografía, y sin embargo la elección de lo que se debe mostrar sigue siendo una decisión de dirección, y el montaje de Camila Menéndez -quien logra hacer con la sobredosis de información existente un trabajo en el que no se pierde el relato, sino que avanza en sintonía con las urgencias por decir-. Quizás porque el drama sucede en La Paz, la música compuesta por Cergio Prudencio le otorga a la película un sentido de profundidad mayor, porque esta búsqueda de Moro y su encuentro fatal está teñido de esa fuerza telúrica de los Andes. Y la música no se sobrepone y más bien acompaña al caminante.

La producción en Bolivia a cargo de Pedro Lijerón destila toda la coherencia de pensamiento y acción que es el legado histórico del Grupo Ukamau en el cine boliviano (latinoamericano en general), todo es mucho más concreto y preciso, tal vez porque lo argentino se diluye en lo mucho que puede significar resumir una vida de varios años con sus tropiezos y glorias. O quizás simplemente porque las jornadas de 2019 todavía están necesitadas de más referencias y en esa urgencia se condensan las necesidades primigenias de ir más allá del relato oral que busca sus formas visuales en un país que carece de memorias de este género, por su propio paradigma de hacer la historia.

Cali, como directora, ha puesto en el tablero una ficha necesaria en pos de la reconstrucción de la historia contemporánea, lo hace a través de una película que se convierte -por sí misma- en una pieza de necesaria revisión. También como una prueba más de lo que pasó en Bolivia no debe volver a repetirse jamás. No es la primera de las producciones que toman esta senda, pero sin duda es una de las que más se aproxima al relato individual lejos del maniqueísmo de las colectividades anónimas de ambos bandos. La película se inscribe en algo que puede denominarse “nueva denuncia” donde se milita -sin claudicar- por los derechos humanos.

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