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Testimonio en Mérida (Venezuela)

13.05.21

Traducción al portugués al final.

Bolivia es un país de montañas, de valles, de cerros… dentro de todo es una provincia más de este gran continente del hambre que es América Latina. Allí viven 4 millones de hombres, 70% de éstos 4 millones son indios. Bolivia es un país de indios; el otro 30% se compone de mestizos y blancos.
Los cineastas que empezamos a hacer cine en Bolivia, nos preguntamos a quién deberíamos dirigirnos en este país. ¿A los blancos, que dominan el país, que han heredado de los conquistadores españoles el derecho que se han otorgado a sí mismos de explotar? ¿A los mestizos, o a la mayor parte del pueblo? En un comienzo creíamos que era más importante dirigirnos a la gente intelectual, el estudiante de las ciudades, a la clase media. Y entonces comenzamos a hacer algunas películas con la intención de mostrar problemas del país, de hacer testimonio sobre sucesos, sobre hechos dramáticos de la realidad social de Bolivia e hicimos algunas películas que ustedes han visto, aquí han visto dos: ¡Aysa! y Revolución, pero creemos que eso no es suficiente. Creo que ahora debemos entrar en otra etapa y que ahora debemos dirigirnos a la mayoría, porque es la mayoría la que debe liberarse. Porque nos hemos dado cuenta nosotros que no es la minoría a la que debemos dirigirnos, que es minoría satisfecha y en el fondo no le interesa ese tipo de problemas. Pero el problema era cómo dirigirnos: entonces pensamos que había que investigar un poco en la mentalidad de pueblo, había que hacer seguramente otro tipo de cine. Esta mañana alguien en la mesa redonda, creo que fue el compañero Handler del Uruguay, había dicho que era necesario, dijo que había que buscar un lenguaje más simplificado, que estuviera a la altura de la comprensión de las clases mayoritarias.
No quería decir eso que habla que subestimar la capacidad de captación del pueblo; no, lo que había que hacer entonces era alejarse de los moldes europeos. De las fórmulas de hacer cine en esa forma y entonces había que buscar otro camino y por lo tanto había que conocer más a la gente. Para nosotros eso todavía no está logrado, desde luego, estamos empezando tenemos que tener en cuenta que el pueblo indio en Bolivia tiene una mentalidad diferente, tiene un modo de pensar distinto, tiene una cultura de raíces antiguas diferentes. Para los occidentales, por ejemplo, les es muy difícil entender el teatro kabuki, para los japoneses no; son dos pueblos diferentes. Y eso ocurre también en Bolivia, el pueblo indio es absolutamente diferente, tiene otro modo de pensar y de captar, entonces hay que investigar en los engranajes de ese pensamiento, que es diferente al pensamiento occidental. Ukamau que ustedes han visto esta noche, es un primer intento de esa búsqueda. En Europa una crítica escribió en un periódico que Ukamau venía de la prehistoria, dijo que no encontraba ninguna relación con el cine europeo y la película boliviana que eran… “cuadros”. Bueno, fue la mejor crítica que nosotros recibimos, precisamente estábamos buscando eso y no creo que lo hemos logrado, estamos en los albores de ese descubrimiento que se realiza. Sin embargo en Bolivia la película fue vista y recibida por la gente del pueblo; la gente de la clase media, el profesional, la burguesía, la alta burguesía, la pequeña burguesía, no asistieron a ver la película. En primer lugar, para ellos una película boliviana debería ser mala, además ¡era una película que trataba sobre el indio!, ¡hablaba en aymará!, ¡era una especie de insulto para ellos! De toda suerte que no fueron. Pero eso no importó en realidad, porque la película se dio en Bolivia y la vieron algo así como 250 000 personas. De todos modos hemos logrado una compensación.
Quisiera referirme ahora al cine documental. En esta muestra tan importante que se realiza en Mérida, hemos tomado contacto con un grupo de películas patéticas verdaderamente, la mayor parte de las películas con que me he encontrado aquí son películas hermanas en su dolor. Plasman y están mostrando, minuciosamente, que todos compartimos iguales problemas de hambre, de miseria, de mortalidad infantil y otras cosas…
Pero todas estas películas, la mayor parte de ellas (incluyendo desde luego las nuestras) están en la etapa del testimonio de “mostrar” esos problemas. Personalmente creo que ahora debemos dejar esa etapa, existen ya suficiente número de estas películas, que están circulando en las universidades en América Latina, en grupos que se interesan por ver y conocer este tipo de cine. Pero, ¿y el pueblo? Es decir, ¿podemos nosotros hablarle al pueblo de su propio dolor? No. El pueblo sabe más del hambre que él sufre, del frío que pasa, que nosotros los cineastas, de modo que estas películas para el pueblo… significan poco. Creo que ahora debemos entrar a una etapa mucho más agresiva, ya no defensiva, sino ofensiva, debemos desenmascarar a los culpables de las tragedias y de la tragedia latinoamericana. Debemos señalar quiénes son los que causan este estado de cosas. Debemos desenmascarar al imperialismo, eso debemos hacer. Algunos ya han comenzado a hacerlo. Y entonces sí al pueblo le va a interesar ver esos filmes. Porque al pueblo le va a interesar conocer, explicarse cómo ocurre, por qué sufre su miseria; no basta con que se vea retratada su miseria, si él, como dije ya, bien sabe que es pobre, lo importante es mostrar quiénes son los culpables, cómo se opera la explotación, cuáles son sus fines; qué medios está tomando, por qué está interesada la opresión en la despersonalización de los pueblos, por qué quiere borrar la identidad, por qué quiere eliminar la cultura de los pueblos, esos fenómenos yo creo que al pueblo le interesan. Como le interesarán al pueblo aquellas películas que le hablan de sus propios valores, que exaltan las cosas positivas que tiene el pueblo. Y además… debemos apresurarnos porque cuanto más ricos y numerosos son los representantes de la explotación, más pobres y más enfermos son los pobres.
Eso es todo lo que quiero decir.

Cine independiente
En América Latina sólo se puede hablar del cine independiente. Son muy optimistas con relación al desarrollo de éste. Lo vi adquirir cuerpo en Mérida (Venezuela) en 1968 durante la primera muestra de Cine Latinoamericano. Allí, por primera vez, se reunieron a ver las obras y a discutir sus problemas los cineastas independientes más importantes de cada país. Fue un encuentro importante y decisivo. Allí descubrimos que aunque aisladamente, sin conocernos estábamos todos trabajando en una misma idea, convencidos de un mismo deber. Comprendíamos que cada uno en su respectivo país, tendría poco tiempo para denunciar la miseria, analizar sus causas, combatir la confusión, informar sobre lo que deliberadamente se oculta al pueblo, exaltar y contribuir a rescatar nuestra personalidad cultural, etc., tareas urgentes e indispensables que significaban crear conciencia de liberación.
No podríamos admitir la línea de un arte no comprometido, estetizante, ajeno a la quemante realidad social; por lo demás, nadie allí ignoraba que esa posición es la financiada por las numerosas agencias de la CIA, por las organizaciones culturales que reciben directa o indirectamente sus fondos, con el encargo de fabricar intelectuales puros, menesterosos de la inteligencia que predican el universalismo y que lucen la higiénica consigna del qué me importa metafísico en pleno continente del hambre.
En Mérida, en representación del grupo Ukamau, propuse pasar de la etapa defensiva —consistente sólo en denunciar el estado de miseria de nuestros pueblos—, a una etapa más agresiva, a una etapa ofensiva, es decir, a denunciar a los causantes de ese estado de miseria, a señalar a los culpables y a explicar las estructuras de la explotación hasta llegar a acusar, individualizando, al imperialismo y a sus cipayos. Yawar Mallku es el fruto de esa posición.
A fines de 1969, se llevó a cabo el Segundo Encuentro de Cineastas Latinoamericanos en Viña del Mar. Allí, todos juntos, nuevamente pudimos comprobar el resultado de las mesas redondas realizadas en Mérida un año atrás y así mismo los resultados de la cooperación de grupos y cineastas de países hermanos. Yawar Mallku, por ejemplo, se procesó en parte, en Buenos Aires, gracias a la cooperación de compañeros cineastas uruguayos y argentinos del grupo Renacimiento.
Cabe subrayar el avance logrado en un sólo año: en Mérida se proyectaron ocho películas de largometraje independientes.
Durante la muestra de Viña del Mar los largometrajes independientes sumaban 40. Actualmente se están dando los pasos para conseguir la circulación y difusión de esos filmes, a fin de que cada una de las películas trascienda sus fronteras y alcance a públicos del continente interesados en una problemática común.

NOTAS
* Intervención en la I Muestra de Cine Latinoamericano, Mérida, Venezuela, 1968, publicada en Cine del Tercer Mundo, núm. 1, Montevideo, Cinemateca del Tercer Mundo, octubre de 1969.

“Devemos desmascarar os culpados das tragédias.” Depoimento em Mérida, Venezuela (1968)

Jorge Sanjinés

Este discurso foi realizado por Jorge Sanjinés na Primeira Mostra de Cinema Documentário Latino-americano, em Mérida, Venezuela, no ano de 1968. Posteriormente, foi publicado na revista Cine del Tercer Mundo (número 1, Montevidéu, Cinemateca del Tercer Mundo, outubro de 1969).

Bolívia é um país de montanhas, vales e colinas… Dentro disso tudo, é apenas uma província a mais deste grande continente da fome que é a América Latina. Aí vivem 4 milhões de homens, 70% destes 4 milhões são índios. A Bolívia é um país de índios; os outros 30% são compostos de mestiços e brancos.
Nós, os cineastas que começamos a fazer filmes na Bolívia nos perguntamos para quem deveríamos nos dirigir neste país. Para os brancos, que dominam o país, que herdaram dos conquistadores espanhóis o direito de explorar que a si próprios outorgaram? Aos mestiços, ou à maioria do povo? No início, acreditávamos ser mais importante nos dirigir aos intelectuais, aos alunos das cidades e à classe média. E então começamos a fazer alguns filmes com a intenção de mostrar problemas do país, de revelar acontecimentos e fatos dramáticos da realidade social da Bolívia, e fizemos alguns filmes que vocês assistiram: Aysa! (1965) e Revolución (1963), mas acreditamos que não é suficiente. Penso que devemos agora entrar em outra etapa, devemos nos dirigir à maioria, porque é a maioria que deve libertar-se. Porque percebemos que não é a minoria à quem devemos nos dirigir, que é uma minoria satisfeita e no fundo não se interessa por este tipo de problemas. Mas o problema era como nos dirigir: então pensamos que tínhamos que investigar um pouco a mentalidade do povo, seguramente tínhamos que fazer outro tipo de cinema. Esta manhã, alguém na mesa redonda, creio que foi o companheiro Handler do Uruguai, que tinha dito que era necessário buscar uma linguagem mais simplificada, que estivesse à altura da compreensão das classes majoritárias.
Não falo no sentido que se diz de subestimar a capacidade de compreensão do povo; não, então o que tínhamos de fazer era nos afastar dos moldes europeus, das fórmulas de se fazer cinema desta forma e portanto havia que se buscar outro caminho e, para tanto, tínhamos que conhecer mais as pessoas. Para nós, isso ainda não foi alcançado. Desde que começamos, tivemos que levar em conta que o povo índio na Bolívia tem uma mentalidade diferente, tem um modo distinto de pensar, tem uma cultura de raízes antigas, diferentes. Para os ocidentais, por exemplo, é muito difícil entender o teatro kabuki, para os japoneses não; são dois povos diferentes. E isso também ocorre na Bolívia, o povo índio é absolutamente diferente, tem outro modo de pensar e de captar, assim é preciso investigar as engrenagens desse pensamento, que é diferente do pensamento ocidental. Ukamau (1966), que vocês viram esta noite, é uma primeira tentativa desta busca. Na Europa, a crítica escreveu num jornal que Ukamau vinha da pré-história, disse que não via nenhuma relação entre o cinema europeu e o filme boliviano, que eram: …“quadros”. Bom, essa foi a melhor crítica que nós recebemos, estávamos precisamente buscando isso e acho que conseguimos, estamos no auge dessa descoberta que se realiza. No entanto, na Bolívia o filme foi visto e recebido pela gente do povo; enquanto que as pessoas de classe média, os profissionais, a burguesia, a alta burguesia, a pequena burguesia, não compareceram para ver o filme. Em primeiro lugar, para eles, um filme boliviano devia ser ruim, além disso, era um filme que tratava do índio! Falado em aymara! Era uma espécie de insulto para eles! De tal forma que não foram. Mas na verdade isso não teve importância, porque o filme foi exibido na Bolívia e foi visto por aproximadamente 250.000 pessoas… De toda forma, fomos recompensados.
Queria agora me referir ao cinema documentário. Nesta Mostra importante que ocorre em Mérida, nos deparamos com um grupo de filmes comoventes, a maioria dos filmes que aqui encontrei são irmãos em sua dor. Plasmam e mostram, minuciosamente, que todos compartilhamos os mesmos problemas de fome, miséria, mortalidade infantil e outras coisas…
Mas todos esses filmes, a maioria deles (incluindo também os nossos) estão na etapa do testemunho, de “mostrar” esses problemas. Pessoalmente, acredito que agora devemos deixar essa etapa, já existe um número suficiente desses filmes, que estão circulando em universidades da América Latina, em grupos que se interessam em ver e conhecer esse tipo de cinema. Mas, e o povo? Quer dizer, podemos falar para o povo de sua própria dor? Não. O povo sabe mais da fome que sofre, do frio que passa, que nós, os cineastas, de modo que esses filmes para o povo… Significam pouco. Penso que agora devemos entrar em uma etapa muito mais agressiva, não defensiva, se não ofensiva, devemos desmascarar os culpados das tragédias e da tragédia latino-americana. Devemos apontar quem são os que causam este estado de coisas. Devemos desmascarar o imperialismo, isso que devemos fazer. Alguns já começaram a fazê-lo. Aí sim, o povo vai se interessar em ver esses filmes. Porque vai se interessar em conhecer e entender como isso ocorre, por que sofre sua miséria; não basta que seja retratada sua miséria se, como já se disse, ele bem sabe que é pobre, o importante é mostrar quem são os culpados, como opera a exploração, quais são os seus fins e quais são os seus meios, porque a opressão está interessada na despersonalização dos povos, porque quer apagar a identidade, porque quer eliminar a cultura dos povos, esses fenômenos, eu penso que interessam ao povo. Assim como interessarão ao povo os filmes que falam de seus próprios valores, que exaltam as coisas positivas que o povo tem. Além disso… Devemos nos apressar porque quanto mais ricos e numerosos são os representantes da exploração, mais pobres e mais doentes são os pobres.

Isso é tudo o que quero dizer.

JORGE SANJINÉS

Traduzido do espanhol por Cristina Beskow

 

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